En estos tres dias que nos quedaban nos llovió en todos; así hicimos nuestras rutas pero de manera más tranquila. A pesar de todo San Petersburgo es demasiado grande e incluso el metro no es suficiente para evitar las largas caminatas, pues las estaciones estan bastantes separadas.
El Lunes aprovechamos para ir a la catedral de St. Isaacs y subir a su cúpula (La colonnade), desde la cual se tiene un panorama excelente de la ciudad. Luego nos fuimos a ver la Iglesia de San Salvador de la Sangre Derramada que es una versión ampliada de la Catedral de San Basilio de Moscú, de principios del siglo XX, erigida donde asesinaron al Emperador Alejandro II. Actualmente es una de las principales estampas de San Petersburgo, aunque esto no es nada en comparación con el resto de joyas de la ciudad.
Es interesante comentar que pudimos degustar la auténtica ensaladilla Rusa. No es un mito, en Rusia se llama "Ensalada Olivier", y es igual que la nuestra, pero lleva carne de pollo en lugar de atún y quizás pepinillos. Inventada por "Lucién Olivier", que fué un Chef de renombre en el siglo 19 aquí en San Petersburgo, en mi opinión... la nuestra está mas buena (¡porque además lleva picos!!)
El Martes lo dedicamos a ver la "Fortaleza de Pedro y Pablo" (ya, ya... ya me se el chiste) creada en prevención de un asedio Sueco. Esta fortaleza contiene diferentes museos como el de máquinas tortura y la antigua cárcel de la ciudad, con sus habitaciones de época recreadas, donde fueron encarcelados personalidades como Trotsky.
Mis piés me pedían un basta por hoy, y pusimos rumbo a otro piso al que nos mudamos de otro contacto que teníamos, pero mucho más a las afueras.
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