En nuestra ruta entramos en la mezquita, que es una maravilla, y los edificios del kremlin circundante. Pero también abundaban las iglesias ortodoxas a pie de calle donde el trasiego de los creyentes practicantes era constante. En las calles principales había bastantes policías, eso si, compuesto por jovencitos probablemente en prácticas.
Tras los paseos (y siesta incluida) llegó la hora de irnos ha hacer tiempo a la estación para coger el tren a Moscú. Esta vez, las limitaciones de los billetes nos han hecho tener que coger un tren "Kupé", en segunda clase (pero estabamos tan mal acostumbrados que hasta nos parecía de primera). Que por cierto, si cogéis un tren de estos, sed modestos y decid que "no" si os ofrecen té... si aceptáis con gusto, puede que os lo cobren al dia siguiente! Al menos, vamos a llegar a Moscú como los señores.
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