Nos levantamos tarde por una movida con la colada de la ropa, y si no es por un taxi que encontramos a ultima hora hubiesemos perdido el bus.
Bien, la estación de autobuses de Irkutsk quizás puede ser un poco mejor que alguna de las de Marruecos, asi que no entraré en detalles; además aqui es costumbre que si llevas equipaje grande o extra, se ha de pagar un plus de unos 2 euros y pico.
Tras la tortura del bus (que no sé si fueron peor los caminos o la música rusa de hilo musical), llegamos a una especie de pueblo como los del oeste, de casas de maderas y calles anchas de tierra, donde la ley brillaba por su ausencia. El aspecto de la isla tampoco tenía nada de particular, pero lo más sorprendente o interesante es ver los acantalidados y la playa de arena que posee, como si de una costa común se tratara; y bueno, poder contemplar una playa en Siberia... pero lo más impactante fue ver a las vacas bebiendo en la orilla de la playa!! El agua, como no podia ser menos, estaba bastante fria, lo que no fue impedimento para disfrutar del chapuzon de rigor.
El resto del dia lo pasamos descansando de la paliza y disfrutando de unas cervezas con nuestros amigos Barceloneses Isa y Pau. La verdad que fue una noche divina.
De nuevo en Irkutsk sanos y a salvo, deambulamos un tiempo ultimando tareas, como aprovisionarnos de comida y otras cosillas. La lluvia nos acechaba y nos fuimos a la estacion a esperar nuetro tren a eso de las 3 de la mañana. Y esta si que fue una experiencia de veras.
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