Tras una noche entre movidas con el personal de la estación de tren (Miss simpatía sigue vacante) y entre acomodarnos de nuevo en el vagon "Platzcard" (Tercera clase) a eso de la 1 de la mañana, continuamos nuestro viaje por las Rusias atravesando paisajes de abundantes bosques.
Nada más bajarnos del tren, entre el lio que nos solemos montar para sacar el billete del día siguiente, conocimos a una chica rusa llamada Olga que nos ayudó con este tema. Y no solo con esto, nos ayudó a buscar el alojamiento, ya que andábamos un poco desorientados en una ciudad que creíamos pequeña pero con millón y medio de habitantes.
Una vez más, el hostel donde nos instalamos (Bulgaru Hostel) era otro alojamiento clandestino regentado por una chica tártara, Keit, muy amable y simpática, pero ubicado en un laberíntico barrio comunista que ni los taxistas encontraban la dirección.
La noche la pasamos entre calles, pubs y miradores. Una bella ciudad que en la edad media Iván el Terrible arrasó y que para conmemorar la victoria construyó la famosa Basilica de San Basilio en la Plaza Roja de Moscú.
Unas copichuelas por la noche y a dormir, que el dia siquiente es largo.
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