Al fin llegamos a Moscú, la legendaria capital de medio mundo durante la guerra fria y donde se concentraba todo el poder de la extinta Unión Soviética. Ahora, habitada por 10,5 millones de personas en la ciudad más poblada de Europa.
Es hora de nuestro peregrinaje habitual. El primer problema que se nos plantea es que no hay billetes de tren para San Petersburgo, y hemos tenido que pillar billetes para el dia siguiente por la noche, con lo que solo tenemos dia y medio para ver Moscu: Una lástima.
Buscando el hostel, para variar, resulta que en su lugar encontramos uno clandestino (más bién nos encuentran ellos a nosotros). Se llama Buddy Bear Hostel, y se encuentra en una quinta planta (el de kazán estaba en un octavo).
Una vez preparados nos vamos para el centro, ansiosos de hacer una entrada triunfal por la Plaza Roja. Desde luego, es muy ilusionante estar junto a esa Catedral de San Basilio, modelo del estilo arquitectonico nacional. Aprovechamos para entrar y ver el interior. Esta se compone de varias capillas dedicadas al santo del día de cada batalla ganada en el asedio a Kazán, y están unidas por la capilla central mediante pasillos y pasajes. Contienen frescos y cuadros de estilo ortodoxo, interesante pero nada extraordinario.
Hartos de caminar, de subir y bajar escaleras, atravesar pasajes, coger metros... ponemos punto y final a este dia, ya que mañana tenemos que dejarlo todo cerrado.
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