Asi que ya por la tarde el tren se puso en marcha en serio, pero ya por tierras mongolas. Por fin aparecen por el tren gente con aspecto occidental, eso si, de ojos claros, bigotudos y rubios... es decir, los rusos de pura cepa. Pero la mezcla racial es de constante presencia en toda la zona.
El trayecto se completó entre crucigramas y lectura de "Crimen y Castigo" (que más parece un castigo). Las azafatas rusas, son verdaderos coroneles. Mujeres de hierro, que en el fondo, si se las sabe tratar, se puede hasta conseguir sacarles una leve sonrisa. Ellas se encargaban de "ladrarte" si se te ocurría pasear por los vagones a deshoras.

Paisajes montañosos y boscosos acompañados de muchas más aldeas y estaciones eran la señal evidente de que estabamos en los dominios de la antigua URSS.
La lástima fué que la noche nos privó de poder contemplar el lago Baikal durante el bordeo del tren junto a este. Pude observarlo en mitad de la noche entre tenues sombras y relieves, pero el espectáculo iluminado nos fue privado, aunque pronto podremos conocerlo de primera mano. Irkuts está cerca.
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