Pasamos de taxis y nos fuimos en metro, como siempre dando el espectaculo de dos mochileros occidentales. Ya en la estacion, nos llevamos el susto. Por lo visto nuestro tren no salia desde esa estacion (estacion Oeste), sino desde la estacion del Norte, que estaba a unos cuantos kilometros.... caras blancas y rapidamente a coger un taxi, que para colmo ninguno queria usar taximetro y hay que negociar. Llegamos a la estacion a tiempo, tan solo por 10 minutos.
Este tren era sin asientos numerados, delante nuestra habia una cola de 500 chinos, y una vez mas eramos el show de la estacion. En el tren nos ubicamos como pudimos con una pareja de cuarentones y atendimos las instrucciones de los revisores.
El tren atravesaba tramos de la Gran Muralla con vistas espectaculares, extensos campos de maiz, y llamativas centrales eléctricas de carbón, asi como multitud de vias ferroviarias secuncarias que se perdian en el horizonte para conectar otras industrias o poblaciones.
Al fin llegamos a Datong, un pequeño pueblo de provincia de tres millones de habitantes. El tipico pueblo en el que bajas con aspecto de marciano ante la mirada de toda la calle, donde casi nadie habla inglés y apenas hay indicaciones informativas.
Tras un primer contacto con taxistas desesperados, avispados comisionistas de hoteles y demas personajes para sacar partido a nuestra costa, nos tomamos un pequeño almuerzo en un antro autentico y nos fuimos a un ciber (dentro de un hotel) para buscar nuestras mejores opciones en la ciudad.
Finalmente nos fuimos a un albergue bastante aceptable, y desde alli, comenzamos a prepararnos el viaje del dia siguiente a las Cuevas Budistas de Yungang.
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